21 diciembre, 2011


Nuevamente el vació y la deseperanza amenazan con golpearme, otra vez todo se cae y lo veo desmoronarse impotente. La impaciencia me corroe y se traga mis entrañas, presurosa de dejarme sin nada, una vez mas, permitirme olvidar. Atormentada por mi propio ser, la puerta se abre pero nadie se atreve a cruzar, es que lo que hay del otro lado no vale la pena. Pero la pesada piedra soportara los mas duros golpe. Hasta que se produzca el deja vu. Una y otra vez, el cielo es el limite, siempre poniéndose por en sima de los propios limites, mi dolor, el hueco en mi pecho, donde solía habitar mi corazón es ahora solo un escondrijo de miedo, un efecto de la cobardía, un accionar de la culpa, de la que comparto solo conmigo, de la que me arrastra rió abajo sin sentir mi resistencia, de repente paso por mi mente una escena de una película en la que unos exploradores llegaban al nuevo mundo y, explorando las tierras, encontraban un rió de corriente tortuosa y la escena transcurría durante 15 minutos mas o menos simplemente enfocando las aguas desbordantes del rió. Pensar en ello me vuelca en un segundo de realidad surrealista que antes no había tenido oportunidad de apreciar, sin lugar a dudas todavía siento, pienso y me duele, pero es mi cuerpo el que no soporta mas presiones, es mi envase el que se pudre por detrás de lo que me hace sufrir, esa caja pronto quedara vacía porque no hay ser que quiera habitar la ya.

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